Lisardo (Doval) Queralt. Fue lo que parece. Parte I

Lisardo (Doval) Queralt. Fue lo que parece.

Lisardo Queralt es un personaje de ficción. ¿Seguro? No del todo. Lisardo Queralt tiene su reflejo en Lisardo Doval Bravo, militar y oficial de la Guardia Civil, (con grado de general); un “notorio hijo de puta” y psicópata de libro como veremos a continuación. Curiosamente, (estas ocasiones en las que uno decide que el Karma ni existe ni funciona), Lisardo Doval murió con casi 90 años. Prácticamente un siglo en el que gran parte del tiempo lo destinó a torturar y matar.

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Lisardo Doval y Francisco Franco

Nacido en A Coruña en 1888, murió en 1975 apenas un mes antes que lo hiciera Francisco Franco. No fue la única coincidencia, ambos fueron amigos de la infancia y compañeros en la Academia de Infantería de Toledo.

Comenzó su leyenda como jefe de la guarnición de la Guardia Civil de Gijón, entre 1926 y 1931. La dureza empleada en la represión de las huelgas que tuvieron lugar en aquella época incluyeron cargas de caballería, disparos de francotirador y el uso indiscriminado de ametralladoras para disolver a manifestantes frente a un cuartel de la Guardia Civil.

El 14 de abril de 1931 se proclamaba la Segunda República en España y con ella la depuración de responsabilidades dentro del ejército y Guardia Civil. La recién elegida corporación gijonesa fijó su atención en Lisardo Doval con motivo de sus conocidos excesos.

Lisardo Doval pensó que la mejor defensa sería la publicación de una carta exculpatoria en la que explicar la verdadera motivación de sus acusadores. Tras la publicación de dicha carta se sucedieron respuestas procedentes de todos los rincones asturianos donde la mano, (siempre dura), de Doval, había hecho estragos.

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De esta forma, al día siguiente de la publicación de la carta de Doval, aparecía en el diario “El Noroesta” la carta que a continuación se reproduce:

“El 18 de mayo de 1928 se me acercaron dos hombres en la calle Corrida, y con frases despóticas me hicieron seguirles. Me condujeron al cuartel de la Guardia Civil. En presencia del capitán Doval, me pregunta éste:
-¿Dónde vio usted a uno que se llama Hermógenes?
-No sé nada de Hermógenes, hace tres años que no sé nada de él.
-¿Con que no sabe, eh? Pues para que vaya haciendo memoria, ¡toma!
Y me dio tres puñetazos en el vientre. Después me llevaron a una habitación donde me tuvieron 32 horas sin comer ni beber. A las diez de la noche vino el teniente Pablo y me acometió a patadas y puñetazos. Además, me esposó y me apretó cruelmente las esposas hasta hundírmelas en las muñecas. No se fue sin ordenar a un guardia que me vigilase toda la noche, que me tuviese siempre de pie y sin moverme, con el rostro pegado a la pared y un papel de fumar en las ventanas de las narices. El guardia, hombre compasivo, me permitió sentarme cuando advirtió que me iba a caer desmayado. Al día siguiente me pusieron en libertad, y como estaría de desfigurado por los golpes, que al llegar a mi casa, mi compañera no me conoció. Entonces me enteré de que aquella maldita noche habían estado dos guardias civiles en mi casa, en la que habían entrado haciendo ceder la puerta a patadas, con el natural susto de mi compañera, que estaba sola. El guardia llamado Constantón registró como le dio la gana y se llevó algunos instrumentos de trabajo que aún no me han devuelto, aunque sí dijeron “que fuese a por ellos”. Quise dar conocimiento al gobernador civil de lo que me habían hecho, y cuando me disponía a tomar el tren para Oviedo, me detienen en la estación y me vuelven a llevar al cuartel. Otra vez me acometieron a puñetazos en el vientre y otra vez me tuvieron otras 29 horas sin comer. ¡Y no estaba acusado de ningún delito y se me atropellaba, vejaba y maltrataba de manera tan cruel porque no sabía decir dónde estaba un hombre del que hacía tres años que no tenía referencias!”

Personaje oscuro, sucio y gris. En próximas entregas diseccionaremos el pasado de este mounstruo tan (poco) conocido en el que Pérez-Reverte se basó para dibujar a Lisardo Queralt.


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Aquí estamos, arrojando luz a la oscuridad necesaria de esta novela. ¿Tienen sugerencias? Aquí podrán encontrarme: info@lorenzofalco.com

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